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sábado, febrero 05, 2011
Ocaso café
Sí. Fue en una tarde cómo esta en la que pasó aquello. Te recuerdo en ese atardecer anaranjado y tornasol de aquella taza de café, apenas iluminado por unos cuantos minúsculos cubitos de azúcar, acompañada por el gorjeo de esa brillante cucharita que chocaba las paredes de la taza, elevando un sonido que más que a golpe, parecía una plegaria estridulada elevada al Cielo; acariciando los pétalos de aquellos crisantemos, que tan dócilmente se entregaban a la suave prisión de tu dedos, bordados en tu ropa; con el aire inundado del aroma de aquellas danzas añejas, jugadas por el vapor de mis sensaciones… Pero qué más puede quedar por agregar ahora. Simplemente que pagué el café y me fui a caminar.
sábado, julio 31, 2010
Sobre una taza de Café
Sobre una taza de café me decías que debías irte, que el cielo con todas sus estrellas estaban esperando por Ti desde hacía mucho tiempo. Sin dejar caer lágrima alguna escuché esas palabras, pude sentir sin inmutarme que esas mismas palabras penetraban en lugares que aún no habían sido descubiertos por ninguna otra sensación anterior, sentí sensaciones que carecen de palabras que puedan siquiera dar una imagen cercana de ellas. Tus ojos fijos en mi alma, mi alma fija en tus ojos, mi cuerpo sereno, mis ojos dejaban translucir una inquieta serenidad, el tiempo despreciado por aquellos dos seres que se desvanecían en sus últimas miradas, tus ojos engendrando las lágrimas que los míos no eran capaces, el momento a punto de chocar contra sí mismo para poder crear ese todo del que seríamos parte cuando las individualidades dejaran de existir, cuando todo se haya ido: ella, yo, yo, ella, nosotros. Así fue como nos fuimos, con más de lo que vinimos, con la certeza de que volveríamos a vernos: en otro momento, en otro tiempo, en el mismo cuerpo, en otra alma…
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