domingo, marzo 09, 2014
Fragmentos de un Sueño
viernes, enero 11, 2013
La baranda
martes, noviembre 13, 2012
Solamente yo mismo.
* El texto lo escribí hace más de un año (figura en el archivo de Word con fecha del 1º de Agosto de 2011). Sabrá Dios pensando (o sintiendo a quién) lo habré escrito jaja. Lo presento a falta de algo más novedoso :P
viernes, julio 20, 2012
Luz
viernes, agosto 26, 2011
Ella no era Ella. ¿Y yo, era Yo?
Tus manos corrían algunos cabellos, que impulsados por quizá sus propios deseo, estaban posados en la comisura de tus labios – y no los culpo, porque los entiendo; yo haría lo mismo – Perdón. Sus manos. Aún creo ella es Ella.
Los mismos gestos en su rostro; la misma sonrisa que ilumina a las personas. Pero ella no era Ella. Creí que me era imposible recordar su rostro, hasta que la vi, creyendo que ella era Ella. Pero ella no era Ella. Sus mismos ojos marrones, cristalinos, húmedos de vida y poco amor, cegados quizá por el recuerdo de todo lo que es, por todo lo que no fue. Esos ojos que creían que, después de todo, todo es nada. Que todo termina siendo la suma algebraica de momentos que dan por resultado nada.
Las mejillas rosadas de tanto sentimiento arraigado al deseo etéreo, de tantos recuerdos friccionados contra el pecho. Y contra la cara interna de los párpados. “Me tatuaría tu rostro dentro de mis párpados para verte cada noche al dormir”. Quizá ella, que no era Ella, estaba pensando en ello. O seguramente no. Porque fue Ella quien lo dijo, no ella.
Podía escuchar su corazón latir acalambrado, exhausto de tanto latido abatido, ahogado en lo salado de lágrimas estériles, abotagado de tanta vena sangrante. Pudiendo entender que tapar y callar nunca resuelve nada, pero se camufla como la mejor solución posible. Escapar. Ella no era ella.
“No sé quién pueda comprobar si todo es una foto”. No sé. Pero ese momento era una foto. Sentada ella, o Ella, no sé. Sentado yo. Enfrentados ambos. Vernos sin sentirnos. Los dos pares de ojos buscando otros dos pares de ojos. Pero encontrando nada, como siempre.
Tengo la seguridad que ella, no queriendo serlo, era Ella.
domingo, mayo 15, 2011
Melancolía
Nunca llega a una posición fija de las agujas, sino que se aparece entre un intervalo acotado de minutos, entre las 8 y las 9 de la noche. Tampoco toca el timbre, ni aplaude para anunciarse. Simplemente cuando menos cuenta me doy, ya está por ahí. Quizá viene porque desea encontrar algo de calor – quizá escuchó aquella canción que reza “pero a veces hasta el más idiota merece un poco de calor” – o quizá viene porque encuentra algún punto en común entre nosotros. Y cuando viene camina por aquí y por allá. Se entremezcla en los recuerdos ya embalados y abre las cajas de la memoria.
…Y puedo vernos acostados sobre aquel empedrado, sobre elevado, sobre uno de los laterales de la ruta, en esa magnífica circunvalación gris, viendo las estrellas, riendo y haciéndonos promesas que depositamos en el viento. Aunque más tarde, llegué a saber que las golondrinas, al igual que el viento, juegan, se arremolinan, pasan sobre nuestras cabezas, pero siempre vuelven. El viento pasa y nunca vuelve.
… Abre otra caja y puedo vernos en aquella tarde gris, de lluvia, en febrero, queriéndose escapar hacia la lluvia y yo impidiendo que se moje; en un tierno tire y afloje, frente a los ojos de gente que nos tomaba quizá por adolescentes divertidos, otros por adolescentes enamorados y otros simplemente por dos estúpidos, hasta que todo condensó en una caída y risas estallando a mares. Y besos.
Pero ya mi mirada no es la misma y se dio cuenta. Porque jugar con recuerdos es casi jugar con nafta y fósforos. Pero qué le puedo decir, si viene porque quizá se siente a gusto a jugar con mis recuerdos.
…Otra caja abierta. Estamos sentados en los primeros asientos del ómnibus; Tú recostada un poco en mí, adormecida por el vaivén propio del viaje, yo mirándote descansar. Tus ojos cerrados, tus labios rosados, dejando entrever algún dejo de sensación placentera, tus mejillas tersas, suaves y blancas como su propia alma.
Ya eso de revolver tan frenéticamente en cajas de recuerdos ajenos no es tan placentero y cuando el placer comienza a desaparecer, crece de manera directamente proporcional la impaciencia. Sin embargo, no se amedrenta de mis gesticulaciones y continúa en lo suyo.
…Ahora nos veo caminando, tomados de la mano, por aquellas calles de las que nunca supe su nombre ni su numeración, en aquella tarde nublada, señalándome todos los negocios en los que a diario comprabas cosas. Y mucho más no recuerdo pues a las frases casi no te las dejaba terminar porque te las interrumpía con mis besos, quizá inoportunos, sin embargo añejos de pasión.
Y miro el reloj. Y son las 8:40 PM. Y no llegó. Y creo que ya no llegará. No esta vez. Hoy la Melancolía habrá encontrado alguien más a quien hacer recordar y “sería una pena que un día me dieras por muerto (…) y me dejaras un tajo en la cara y un viaje al dolor por condena…”, como dirían los de Callejeros…
domingo, febrero 27, 2011
Esa Tumba que Hoy es Mi Asiento
Ven. Ven conmigo. Sólo extiende tu mano abierta y apoya tu palma sobre la mía; que apenas se rocen y se sientan. No...nada digas. Solamente deja esas cosas aquí, despójate de todos esos eslabones hechos de temores, de incertidumbres, de dudas, de sufrimientos. Simplemente deja tu alma libre junto a la mía para que ellas viajen sin cadenas por el éter insondable para los cuerpos y las materias concretas…
Pero Ella no se embarcó. Cada tanto, siempre el mismo día de cada mes, viene a poner flores en mi tumba. Yo la veo, sentado en la lápida. La escucho llorar sus sufrimientos, intentar lavar sus miserias y sus penas. Hasta la he visto hincarse de rodillas frente a esa piedra gris que hoy es mi asiento en este mundo. Me he puesto de pie y he caminado hasta quedar a su lado y he podido ver cuán suaves siguen siendo sus cabellos, que aún mantienen ese color cobre que tanto asombro me solía causar; aún pude ver lo terso de la piel de su cuello ahí donde algunos últimos cabellos crecen a su mero antojo y se autoproclaman libres y se enrollan al viento; aquellas mejillas fáciles de sonrojarse ya perdieron su color a vergüenza y pudor y sus labios se pintaron de una añeja esperanza desesperanzada y agobiada.
Cuando una caricia posé en su cuello, como lo solía hacer, Ella se corrió y emanó una injuria al viento. Se dio media vuelta y se fue diciendo “Maldito viento, que siempre me intentas arrastrar a los recuerdos, como si no supieras que de ellos siempre trato de escapar, pero siempre, cada mes, ese escape me trae hasta acá”. Yo también me di media vuelta y comencé a volver…