Lothlórien
miércoles, abril 11, 2012
A little rain never hurts no one…
jueves, febrero 09, 2012
Esther Amalia Dalbesio. Te fuiste en paz de entre nosotros. Y de mí ¡Gracias Mamá!
lunes, noviembre 21, 2011
Dibujos Condensados
sábado, noviembre 05, 2011
Conversaciones (de Charly) con Carlos …
jueves, septiembre 22, 2011
En las luces ajenas de una madrugada
La Luna me miraba desde afuera. Yo la miraba desde adentro. Desde adentro de mi alma más que nada. Porque estaba de pie, frente a ella, de espaldas a Ti, que dormías plácidamente como toda persona común a esas horas de la madrugada. El aire por esas horas, por esas latitudes, se mezclaba con los perfumes dulces de azahares tardíos y de jazmines insomnes. La noche estaba calma, tranquila, mansa, silenciosa; mi alma era todo lo contrario.
Siempre supe que esto transitaría por los mismos caminos de siempre. ¿Por qué esta vez habría de ser diferente? ¿Por qué? No tenía por qué ser diferente esta vez. Y no me sentía a gusto por ello. Sobre todo no me sentía a gusto por Ti. ¿Por qué habías tenido que pasar por esto? ¿Por qué aun seguías pasando por esto cada día? ¿Por qué simplemente no escapé, como siempre lo había hecho hasta aquel entonces? ¿Por qué? ¿Por qué tenías que ser Ella durmiendo con una sonrisa en tu rostro, cuando sólo eras Tú durmiendo con una sonrisa en tu rostro? Extrapolando… ¿esto sería así siempre? La noche no me daba respuestas a todas esas preguntas, en realidad, siquiera a alguna de ellas.
De repente sentí tus labios rozando mi espalda, mis hombros. Tus manos se enredaban en mí, tu alma me abrazaba. La mía quería escapar con lágrimas en las manos, con los ojos rojos, irritados de tanta falacia sentimental. “En un ventanal azul se ven los ojos de este amor”… “¿Tuviste una pesadilla?” No, no…”¿Tienes sed?” Tampoco. “¿Soy yo?” Creo que esta vez, como cada vez, soy yo queriendo que Tú seas Ella. Aunque, quizá deseaba, por una sola vez - ¡una sola! – ser otro yo para Ti, que siempre encontrabas asilo en mis brazos deshechos, en mis venas deshilachadas, en ese par de ojos que te miraban sin ver, en ese par de manos – siempre, siempre – frías. Hubiera roto los vidrios de la ventana, quizá sólo para ver mis nudillos sangrar, en un intento de pseudo expiación… Y en voz baja, casi en silencio – más que nada para oírme yo mismo – te hubiese preguntado ¿por qué aun sigues en esa cama, cada noche, en cada amanecer, en cada desayuno?
“Lo que haces, lo pagarás”. Ya lo sé, le dije, mi amor. Pero mejor hacer, que pensar y pensar.” ¿Es que acaso siempre será así, de esta forma? “No lo sé, pero ven, regresa a la cama, que hasta el más idiota merece un poco de calor”. Y volví…qué más me quedaba por hacer a esas horas de la noche. “I’m just a sucker with no self esteem “…jueves, septiembre 08, 2011
Dibujos Condensados...

Ella metaforizaba (¿?) con el papel, creyendo que esa grulla sería una fiel imagen de su alma errante. Creía que esa imagen de papel era el más fiel reflejo de su alma. De esa alma que hoy estaba y que mañana, quizá no... De ese sommier deshecho que dejó tras de si...
viernes, agosto 26, 2011
Ella no era Ella. ¿Y yo, era Yo?
Tus manos corrían algunos cabellos, que impulsados por quizá sus propios deseo, estaban posados en la comisura de tus labios – y no los culpo, porque los entiendo; yo haría lo mismo – Perdón. Sus manos. Aún creo ella es Ella.
Los mismos gestos en su rostro; la misma sonrisa que ilumina a las personas. Pero ella no era Ella. Creí que me era imposible recordar su rostro, hasta que la vi, creyendo que ella era Ella. Pero ella no era Ella. Sus mismos ojos marrones, cristalinos, húmedos de vida y poco amor, cegados quizá por el recuerdo de todo lo que es, por todo lo que no fue. Esos ojos que creían que, después de todo, todo es nada. Que todo termina siendo la suma algebraica de momentos que dan por resultado nada.
Las mejillas rosadas de tanto sentimiento arraigado al deseo etéreo, de tantos recuerdos friccionados contra el pecho. Y contra la cara interna de los párpados. “Me tatuaría tu rostro dentro de mis párpados para verte cada noche al dormir”. Quizá ella, que no era Ella, estaba pensando en ello. O seguramente no. Porque fue Ella quien lo dijo, no ella.
Podía escuchar su corazón latir acalambrado, exhausto de tanto latido abatido, ahogado en lo salado de lágrimas estériles, abotagado de tanta vena sangrante. Pudiendo entender que tapar y callar nunca resuelve nada, pero se camufla como la mejor solución posible. Escapar. Ella no era ella.
“No sé quién pueda comprobar si todo es una foto”. No sé. Pero ese momento era una foto. Sentada ella, o Ella, no sé. Sentado yo. Enfrentados ambos. Vernos sin sentirnos. Los dos pares de ojos buscando otros dos pares de ojos. Pero encontrando nada, como siempre.
Tengo la seguridad que ella, no queriendo serlo, era Ella.
domingo, julio 31, 2011
Lapidando Puertas
Aquí sentado me pregunto si es tiempo de ir a visitarla. Bah, “visitarla”. Realmente no recuerdo cuándo fue la última vez que estuve hablándole, contándole cosas que ni si quiera sé si le interesa escuchar. No puedo decir si fue hace un año, algunos meses, o simplemente ayer cuando fue la última vez que fui hacia allá. O quizá recién acabo de regresar de allí. Siempre le llevo flores; lirios naranjas sobre todo. Aunque bien sé que no hacen más que hacerse polvo de firmamento. “dust in the wind, all they are is dust in the wind”…
De cualquier manera siempre ensayo mi plática, a pesar de que sé que nunca me dice nada. Ni un sí, ni un no, a veces sólo una leve, pero muy leve, brisa que yo interpreto según mis propias ansias. Esta vez voy a decirle que mis estudios van hacia adelante, que paso muchas horas de cada día entre montes de hojas y reacciones de caracterización, que en el Laboratorio de Orgánica I me rio bastante cuando estamos los “jóvenes”, que aprendí a cocinar nuevos alimentos, que cambié mi dieta por una más natural, que poco a poco abandono la costumbre de comer carne pero que no deseo ser vegetariano, que este otoño viene fresco y nublado. Quizá también podría contarle que mi guitarra ya no está afónica y que vibra maravillosamente en cada nota, que el único deporte que realizo es el de subir a diario esas escaleras caracol que me llevan al lavadero, y…y que muchas mañanas siento el irrefrenable deseo de clamarle por algo de cariño, que desde que por primera vez vi sus ojos siento ganas de contarle al oído que deseo algo de su calor, “que hasta el más idiota merece algo de calor”… Pero jamás le hables a una mujer de otra mujer, me dijo aquel pibe. Sin embargo, ya no soporto más.
Con las flores entre las manos, quedé a punto de entrar al cementerio. Iba decidido a visitarla, pero no lo hice. Observé esa entrada lúgubremente húmeda y desolada, y recordé aquello que decía mi Madre: “hay que dejar que los muertos descansen en paz”. Y me dieron ganas de escapar y correr. Y escapé. Y corrí.
Golpeé dos veces a su puerta. Esperé algunos segundos más de los que me llevó golpear a su puerta. Ella abrió. Y me arrodillé, y puse mi cara en su ombligo, y la abracé. Pude sentir ese calor que calma sin quemar. Y algunas lágrimas escaparon de mis ojos. Y le rogué, le supliqué entre sollozos que sintiera algo de pena por mí. Que algo de compasión debía existir en su alma…
Y Ella suavemente me preguntó por qué había tardado tanto en golpear…jueves, julio 07, 2011
La cama más pequeña del mundo
Quisiera tener
la cama más pequeña del mundo
para que la única manera de dormir,
cada noche,
sea abrazado a tu cuerpo.


