Mis pasos me llevaron hasta ese lugar – Patrimonio Nacional, leí por ahí – que hasta ese entonces solamente conocía “por fuera”, desde la vereda. He caminado bajo la lluvia, abrazado por el Sol, o cuando éste se oculta tras de algún cúmulo de nubes. Siempre viéndolo desde afuera. Hoy lo veo desde adentro. El edificio del correo.
-¡Buenos Días!
- Buen día…
- Mire, le explico. Yo nací en 1988, sí, un año un poco intrascendente quizá. Bueno, esto quizá no le importe, le pido disculpas, sigo. Y verá, a los 10 años ya manejaba una computadora: la prendía, la apagaba, pasaba algunas horas delante de ella. Y bueno, así pasaron los años ¿vio? Hasta estos días, en los que ya aparte de manejarlas, a las computadoras claro está, más o menos las entiendo: memorias RAM, overlock, particiones físicas y particiones lógicas, coolers, sistemas operativos, Linux vs Microsoft – yo prefiero Microsoft, hasta el día de hoy, pero bueno cuestión de gustos ¿no? – algún conocimiento en programación, HTML… Le ofrezco disculpas, lo estoy aburriendo. Ahora, el punto es, mire. Tengo este sobre, dentro del cual hay una hoja de papel escrita por mí, una carta ¿vio? Tiene mi letra de puño y alma mío, sí, toda la parafernalia. Realmente el tema es…cómo hago para…
- ¿Enviarla?
- Sí, para enviarla. Nunca envié una carta “real”. Si, si, no me mire así. He enviado cientos de mails, e-mails, como le guste llamarlos, pero nunca una carta por el correo tradicional.
- Tiene que colocar sus datos en el frente del sobre…
- Sí, ahí están…mis nombres – Carlos Marcelo – mis apellidos – Bustos Dalbesio – y la dirección de vivienda. Además el código postal de San Miguel de Tucumán – 4000 – y todo eso…
- Bien, ahora el remitente…
- El remitente. ¿El remitente? O sea, cómo decirlo. Digo, cómo lo escribo. Mmmmm….
- Y escríbalo de la misma manera que sus datos, pero sobre la solapa de la parte de atrás del sobre…
-Aha, mmmmm, pero…
-Pero, ¿qué parte no entiende?
- Y….
- A ver amigo, ¿a quién quiere enviarle esa carta?
- A mi corazón.
- …
domingo, enero 23, 2011
martes, enero 18, 2011
Estación Cielo
Qué decir. Digo que subí a la Montaña. Digo que bajé de la Montaña. Digo que viví en la Montaña. Aunque de todo lo que pude vivir en ella, y que a decir verdad, lo que más grabado quedará será tan sólo una pregunta hecha. A saber: ¿qué fue lo que diste con Amor? A saber mi respuesta, la cual no tuve que pensarla ni darle muchas vueltas: N A D A. El ego por el piso, enterrando la cabeza en el suelo como los avestruces, si es que realmente lo hacen.
Sí, ¿qué fue lo que diste con Amor?
sábado, diciembre 18, 2010
Corazón y pedacitos de corazón
Hoy salí de casa, con menos esperanzas de las que nunca tengo, con menos palabras de las que soy dueño y con el corazón en mis manos. Si es que eso puede llamarse corazón después de todo, después de nada. Porque lo que realmente llevaba en aquellas manos mías, eran, literalmente, pedazos de algo que alguna vez fue, piezas hechas jirones deshilachados de aquella carne trémula que alguna vez supo ser, fibras desgarradas por el paso de las emociones y oxidadas por el paso del tiempo. Esguince de aurículas y ventrículos quizá. Caminaba sin mirar mis pasos en el suelo y con la idea de que todos harían un paso al costado para dejarme pasar, hasta alguno quizá se ofrecería a enmendar aquellas piezas desparramadas por mis manos. Pero no. Así caminaba, mirando mis manos, hasta que de repente otras manos me detuvieron porque esas envolvieron a aquellas. Ella envolvió con sus manos las mías y las apretó. Y era capaz de sentir como mi corazón, disculpas, como los pedazos de mi corazón se apretaban entre sí y contra la piel de mis manos que los aprisionaban, y nada podía hacer, mis fuerzas no estaban. Podía sentir cómo aquellos trocitos se ahogaban en sus últimos latidos asfixiados y cómo dejaban manar la sangre que alguna vez les dio vida. Cuando ya era todo silencio, entre nosotros, entre y dentro de nuestras manos, quise ver su rostro, porque no me había percatado de mirar sus ojos, de ver que expresión tendrían sus mejillas al ver que las mías se estrujaban de pena, ver que mueca se dibujaba en su boca al ver que la mía ni una palabra era capaz de hacer brotar. Cuando levante la vista nada había, nadie estaba. Cuando bajé la vista a mis manos, tampoco nada había. Todo había desaparecido. No había corazón, disculpas una vez más, no había pedacitos de corazón, no estaba aquella sangre que había sentido manar de ellos, no había otras manos que acunaran las mías. Ahora menos que siempre, fui incapaz de pronunciar palabra alguna. De hacer mueca alguna. Quise gritar mis silencios pero tampoco pude. Quise correr mis pasos pero tampoco pude. Quise respirar mis ahogos pero tampoco pude. Quise hacer nada pero tampoco pude. Por eso seguí caminando, con las manos juntas delante de mí, porque ahora quería que volviese a su lugar aquello que primeramente había sido hecho añicos, y que ahora había sido robado: mis pedacitos de corazón, disculpas…mi corazón.
domingo, diciembre 12, 2010
Mujer de Venecia
Te vi en ese preciso momento en que una grupo de mascarados dejaron el sendero etéreo para que mis ojos chocaran contra ti misma. Magia aparte, tal vez realmente algo de mí chocó contra Ti pues tus ojos hirieron a los míos, con una estocada perfecta, digna del más hábil entre los samuráis. En ese momento pensé que tal vez eras la Medusa de la que habla la mitología, reencarnada quizá por obra de quien sabe qué dios, pues me sentí lo más parecido a la piedra de la que está hecho el mundo. Gris, inmóvil, pétreo. Pude ver tus ojos, o lo que creo que eran tus ojos, a través de los ojos de tu máscara. Y me mirabas. En silencio, inmaculada, insensible; clavabas esa mirada-puñal en mi carne una vez para volver a hacerlo una vez más, una vez más, sintiendo como la carne comienza a desgarrarse en sensaciones que no encuentran analogía en las palabras. ¿Cómo es que sea posible encontrar tanto placer en tanto misterio? Pues nada de Ti podía ver, pero sentía que podía verte completamente en la esencia de Ti misma. ¿Qué podría esconderse debajo de ese rostro nacaradamente pétreo y tan sutilmente inexpresivo que al mismo tiempo lo expresaba todo? Si hasta creo que podía verme en mi propio reflejo en esa máscara-tortura que llevabas y que, paralelamente, todo a cerca de Ti lo ocultaba.
Cuando el éxtasis de la agonía comenzaba a transformarse en una plegaria librada al viento, cuando todo parecía comenzar a desaparecer para ocupar el lugar que ocupan las cosas desaparecidas en lugares ocultos y olvidados, fríos y húmedos quizá, cuando ya no quedaba lugar para una sola mirada más, cuando sólo quedaba espacio para extinguirse simplemente en polvo de estrellas…en ese momento otra oleada de mascarados me arrebató de las manos-garras de una dulce y agónica extinción. Cuando esa fila de incautos encubiertos en sus trajes brillantes como el sol que acompaña a la lluvia en verano pasaron, Tú, mujer de Venecia, ya no estabas. Aquellos incautos e insensibles mascarados me devolvieron la certeza de saber que aún estoy aquí, ahora, pero me arrebataron la duda de saber qué hubiera ocurrido si un segundo, tan sólo un segundo más, tu mirada me hubiera desagarrado; me arrebataron la posibilidad de saber que hubiera sido de mí mismo si tan sólo un segundo más, me hubieras mirado.
Cuando el éxtasis de la agonía comenzaba a transformarse en una plegaria librada al viento, cuando todo parecía comenzar a desaparecer para ocupar el lugar que ocupan las cosas desaparecidas en lugares ocultos y olvidados, fríos y húmedos quizá, cuando ya no quedaba lugar para una sola mirada más, cuando sólo quedaba espacio para extinguirse simplemente en polvo de estrellas…en ese momento otra oleada de mascarados me arrebató de las manos-garras de una dulce y agónica extinción. Cuando esa fila de incautos encubiertos en sus trajes brillantes como el sol que acompaña a la lluvia en verano pasaron, Tú, mujer de Venecia, ya no estabas. Aquellos incautos e insensibles mascarados me devolvieron la certeza de saber que aún estoy aquí, ahora, pero me arrebataron la duda de saber qué hubiera ocurrido si un segundo, tan sólo un segundo más, tu mirada me hubiera desagarrado; me arrebataron la posibilidad de saber que hubiera sido de mí mismo si tan sólo un segundo más, me hubieras mirado.
lunes, diciembre 06, 2010
De aquellos besos férreos
Hoy me pierdo en tus labios, una vez más, sí, una vez más, como lo vengo haciendo cada vez que mi alma se siente acongojada, triste, sola. Hoy, una vez más rozaré tus labios con mis dedos para sentir ese tibio candor húmedo que gobierna en ellos desde que los conocí, en esa apacible tarde templada de febrero, en aquellos pequeños cerros que viven en mi memoria desde aquel día. Y Tú no te rehusarás a los míos, como lo vienes haciendo desde entonces. Y ambos dejaremos que los minutos pasen en completo silencio, ese silencio que tanto adoramos y que es nuestro más fiel confidente. Hermoso terreno carmín, lugar en el que mis labios encuentran asilo cada vez que ellos lo necesitan, dulce espacio en el que las palabras pierden su esencia dejando su espacio para los besos, ingenuos y desesperanzados, tiernos y cálidos, la pasión consumada en su máxima expresión, la etérea pasión condensada y materializada en algo casi palpable a los sentidos. Y los minutos pasarán y pasarán: despreocupados, mansos, tranquilos…Y así será hasta que nuestros labios se conozcan una vez más. Y comenzarán sus eternos juegos, sus eternas idas y venidas, sus eternos ida y vuelta; se rozarán para sentirse uno al otro, para poder convertir esos minutos fugitivos y etéreos en pequeñas gotas de tiempo, eternas, que perdurarán sobre ellos quien sabe cuánto: quizá una eternidad, quizá dos, o tres. Y ellos reirán, tal como lo hacen los nenes en las plazas, y jugarán, tal como lo hacen los nenes en los parques, se buscarán, se encontrarán, se rozarán, se reconocerán. Y así estarán, hasta que de tanto cariño y fulgor nazca ese gusto deliciosamente férreo que tanto amamos, que es para nosotros la muestra fehaciente de nuestra pasión, de nuestra tristeza. Ellos sangrarán una vez más, una vez más. Y reiremos, y lo haremos a carcajadas, porque sabemos encontrarnos en donde nace la tristeza, porque no convertimos nuestra eterna tristeza en cariño, sino que la mezclamos con cariño y disfrutamos de ello. Porque no cambiamos las cosas, sino que las vivimos tal como ellas son en su naturaleza. Y las disfrutamos así. Porque amamos compartir la tristeza que vive dentro de nosotros...
martes, noviembre 30, 2010
Muchacha Punk, de Rodolfo Fogwill

“…colgaba otra cadena, más gruesa, que caía sobre su cuello libremente y acababa en la miniatura de la lata de Coke, de metal dorado y esmalte rojo que siempre iba y venía rozándole los rubios pelos, el hombro, y el pecho, o golpeaba la copa verde provocando una música parecida a su voz, y algunas veces se instalaba, quieta, sobre su hermosa clavícula blanca, curvada como el alma de una ballesta, armónica como un golpe de tai chi…”
domingo, noviembre 21, 2010
De tormentas dentro de Tormentas...
Imprevista e ingenua. Sí, esos son las dos cualidades de esa gota que vino de lo alto, desde aquellas grises nubes que parecían como aletargadas en esa noche aletargada. Esa gota cayó hasta tocar el suelo; quisiera decir que tocó con suavidad el suelo, que imitó la caída de una suave pluma, pero no, debo decir que golpeó el suelo con violencia, violencia que quedó esparcida por el aire. E imitáronla otras tantas, otras miles de gotas, una procesión de gotas para dar lugar a lo que ordinariamente cualquier incauto diría, una tormenta. Así comenzó, con las gotas empezando a teñir los colores de otros colores algo más oscuros, liberando de la prisión desconocida hasta hoy al aroma de la tierra mojada – ¿serán las gotas las llaves de esa secreta prisión que encierra ese mágico aroma? – Cuando ya todo era humedad y colores apagados, cuando todo parecía que todo sería una sucesión de cuadros idénticos, el primer relámpago surcó el cielo en una especie de gigantesco chispazo efímero y seguidamente, sin hacerse esperar demasiado, quizá por competencia o qué sé yo, gritó presente el primer trueno, con esa voz ronca y potente. Y de la misma manera que sucedió con las gotas, comenzó el desfile de relámpagos seguidos de truenos desfilando por el cielo, por el aire, delante de estos dos pares de ojos que sin decir palabra alguna hasta entonces eran los mudos espectadores del momento. Así siguieron esos dos pares de ojos, viéndolo todo, así siguieron esos dos pares de oídos escuchándolo todo, aunque esos dos pares de labios nada dijeron. Cuánto tiempo paso, nadie lo sabe. A nadie le importó. El espectáculo seguía y entonces una voz se dejó oír: “otra tormenta ha de empezar, una tormenta ha de empezar dentro de otra tormenta”. “¿Una tormenta dentro de otra tormenta?” repitió Ella para sí misma. “No lo comprendo”, agregó. “Afuera caen gotas frías, afuera estallan los efímeros relámpagos que cabalgan en indomables truenos, mientras que aquí, en este cuarto, dentro de estas dos pares de paredes, estallarán las caricias, explotarán nuestros labios en trémulos besos, nuestras almas se fundirán en un único abrazo…” dijo él. Aunque no pudo terminar de encadenar las palabras, porque unos labios dulcemente opresores, los de Ella, imperceptiblemente ya se encontraban posados en los de él. Afuera, la tormenta continuaba su ininterrumpido desfile, adentro, recién acababa de comenzar…
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Sensaciones,
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Tormentas
domingo, noviembre 14, 2010
Madrugada/Amanecer de Domingo
Y la noche quedó detrás de mis espaldas, el calendario dirá que hoy es domingo, el reloj dirá que son las 7:11 AM, el sol dirá que este es un nuevo amanecer, los benteveos y los gorriones dirán que este es un nuevo día. Sin embargo, mi mente seguirá girando, andando, caminando dentro de mi cabeza. Una madrugada pasó, una madrugada más que deja paso a una nueva oportunidad. Este nuevo sol, bordado en este nuevo cielo azul profundo, es el reflejo mismo de una nueva oportunidad, una nueva oportunidad de creer que todo vuelve a empezar (deja vu!! En este momento!!), que la vida me permite jugar una vez más, una nueva chance de creer que aún puedo llegar a ser aquel que ayer no fui, que hoy y ahora no soy, y que mañana tampoco seré. Y puedo sentirlo, puedo ver que las cosas renacen, que los sentimientos vuelven a ser lo sinceros que siempre fueron, que este fresco ambiente y esta brisa, apacible y despreocupada que no pide permiso y se cuela por la ventana, llegan profundo, tocanme el alma. Puedo ver el sol sin encandilarme, puedo sentir el fresco sin tiritar, puedo sentir sin temer. Ven nuevo día, con tu nuevo aire a cuestas, con nuevas hojas arrancadas de las ramas, con nuevos aromas desprendidos de las flores, con nuevas abejas ensimismadas en fabricar la versión material de la dulzura misma, con nuevas mariposas en busca de delicioso néctar para libar, ven nuevo día y dame la oportunidad de hacer sueños realidad, dame la oportunidad de jugar una vez más, una vez más.
martes, noviembre 09, 2010
Hoy. Ahora.
Hoy. Ahora. Ahora solamente seamos nosotros, al mismo tiempo que somos todos los demás, todo el resto del mundo. Simplemente seamos, y juguemos, juguemos hasta que el tiempo se nos acabe y no nos quede más de él, dejemos que se escape por entre nuestros dedos, cual arena de esos relojes vítreos, pero no sin disfrutarlo. Seamos los niños que fuimos antaño y que dejamos de serlo porque olvidamos que la vida es un eterno juego. Corramos. Caminemos. Sonrojémonos. Dejemos simplemente de ser algo para ser algo más, algo que una vez fuimos pero que hoy no somos porque tememos ser. Tómame de una mano, aférrala. Yo posaré mi otra mano suavemente en tu cintura, con la misma delicada suavidad con la que se posa una mariposa en alguna flor olvidada por todo el resto del mundo. Y así bailemos. Bailemos juntos, lento, ojos enfocando otros ojos-espejo, con la respiración entrecortada por el éxtasis de la emoción, sintiéndonos sentirnos, frente al resto del mundo, frente a los flashes de bombillas apagadas, o solos, qué más da. Si el momento es nuestro, solamente nuestro. Si la vida es nuestra. Y así hasta que todo termine. Y si pecamos qué más da. Si alguien nos juzga, riamos. Porque fuimos felices. Porque seremos felices sabiendo que alguien, alguna vez, en algún tiempo, escribirá sobre nosotros; algún escritor al que llamarán maldito contará nuestra historia. Porque, según algunos y muchos quizá, ese escritor maldito dirá que reímos porque fuimos-somos felices. Bailemos…
sábado, noviembre 06, 2010
Una Fotografía
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La magia que reside en una fotografía. Hoy por hoy no tengo idea de quien es la niña que me acompaña en el baile. No se que será de su vida ni nada... Pero es quizá la fotografía que más me agrada de las que conservo. Realmente me agrada muchísimo y no se porqué. Quizá en eso desconocido reside el agrado...
lunes, noviembre 01, 2010
de aquel corazón roto en pedazos
Yo lo vi caer. Yo fui testigo de su caída. Como si hubiera recibido una flecha certera, que impacta su objetivo justo en donde debía de impactar, como aquel guerrero que cae en medio de la batalla derrotado, como un viejo árbol alcanzado por un rayo en una cálida noche de tormenta. Así lo vi caer. Como un cántaro soltado por la mano que lo sostiene, entregado a los efectos de la gravedad y las leyes de Newton. Así cayó. En silencio, abatido, y se desparramó en mil pedazos, en miles de ellos quizá. Así fue como mi corazón cayó a sus pies cuando la vi.
martes, octubre 26, 2010
de la seda y la brisa
Ella llegó como una mantilla de seda flotando en el viento, mecida a merced de aquella corriente de aire invisible que no se ve pero se puede sentir. Aunque a decir verdad nunca pude llegar a comprender si en realidad Ella fue la mantilla flotando, o el viento pasando. O ninguna de las dos cosas…
domingo, octubre 24, 2010
/// un dibujo ///
martes, octubre 05, 2010
Rocket Man .... Elton John
Una canción que me llegó muy profundo, a pesar de no ser muy seguidor de Elton John, por la manera casual en la que la descubrí.
lunes, octubre 04, 2010
de puertas nunca cruzadas....
Fue justamente cuando la relación entre mis pasos a dar y la posición de la puerta, inmóvil, pétrea testigo del momento, era inversamente proporcional. Fue justamente en ese momento cuando aquellos sonidos comenzaron a sonar: Tell me where it´s hurts ¿Tan bien me conocías como para saber que si una canción había de detenerme justamente sería esa? Macabra y deliberada decisión la que tomaste –ay! De mi pobre yo– la de detenerme en mi marcha hacia la puerta y salida de ese mundo que hacía tiempo me sentaba espeso y abotagado. Oscura atmósfera, pero no tan oscura como tu alma misma y tu flagelante deliberación. Porque bien sabías – eso me constaba – que no iba a detenerme por una cuestión física, porque si bien tu apariencia física producía una especie de ciega e ingenua obediencia en mí, era sólo necesario plantar una pseudo posibilidad de iniciar una discusión entre ambos, para que siempre todo terminara en cariñosas exposiciones de teorías y teoremas de inexplicables filosofías – ay! Cuanto me gusta discutir con esa niña que aun sobrevive en Ti misma – para luego volver a la apacible tensa calma que reinaba en nuestros días. Así me detuve sobre mí mismo, como una cuasi estaca de madera clavada por el sonido de algunos acordes que llegaron hasta calar el alma misma, mi alma misma. De pie, como un soldado plúmbico, gris, así estaba. Palabras no había, salvo las que salían de la canción que aún seguía sonando. Y sabía que ahí estabas Tú – malévola hechicera – esperando que de media vuelta, que mis pies se movieran por sí mismos hacia tus manos, esas manos que muchas veces me habían amparado, que habían cobijado a esta compleja maraña de anudados sentimientos y sensaciones, que diariamente despertaban a tu lado. Y no tenía ya razón para que esta vez – ¡una vez más! – no sucediera lo que tan bien sabías que iba a finalmente suceder. Tus manos acunaronme – cuan cálidas se sentían, tan suaves como la seda misma que tan bien conocían nuestras emociones – nuevamente. Una vez más tu olor – ese aroma tan hermosamente apacible y candorosamente misterioso – me envolvió en esa especie de éter – insondable éter – en que mi alma caía cada vez que él la rodeaba por completo, y mi alma se volvía tan mansa como un russian blue arregazado en un día plomizo y lluvioso de enero, bajo la misma mano que, además de procurarle su comida, lo acuna con estudiadas y blandas caricias. Baby don´t lie me… Ya no había lugar para reproches, para discusiones, para deliberaciones, ya no. Eso se había perdido no en el momento en que tus manos ahuecadas sostenían mi rostro – aun pétreo y sutilmente expresivo – sino en el momento mismo en que me había levantado mirando la puerta que jamás llegaría a cruzar. Porque bien sabía que no iba a marcharme de esa atmósfera viciada y poco sosegada de emociones flotando en toda ella, porque solamente no deseaba cruzarla. That´s the truth… Y una vez más, no la crucé.
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