jueves, febrero 07, 2013
¿Cuántos ... ?
viernes, enero 11, 2013
La baranda
martes, noviembre 13, 2012
Solamente yo mismo.
* El texto lo escribí hace más de un año (figura en el archivo de Word con fecha del 1º de Agosto de 2011). Sabrá Dios pensando (o sintiendo a quién) lo habré escrito jaja. Lo presento a falta de algo más novedoso :P
sábado, septiembre 29, 2012
Vidrio y Rayuela
domingo, septiembre 09, 2012
Trasmontaña.
viernes, julio 20, 2012
Luz
miércoles, julio 11, 2012
Versos al éter
miércoles, mayo 30, 2012
|
G
|
miércoles, abril 11, 2012
A little rain never hurts no one…
jueves, febrero 09, 2012
Esther Amalia Dalbesio. Te fuiste en paz de entre nosotros. Y de mí ¡Gracias Mamá!
lunes, noviembre 21, 2011
sábado, noviembre 05, 2011
Conversaciones (de Charly) con Carlos …
jueves, septiembre 22, 2011
En las luces ajenas de una madrugada
La Luna me miraba desde afuera. Yo la miraba desde adentro. Desde adentro de mi alma más que nada. Porque estaba de pie, frente a ella, de espaldas a Ti, que dormías plácidamente como toda persona común a esas horas de la madrugada. El aire por esas horas, por esas latitudes, se mezclaba con los perfumes dulces de azahares tardíos y de jazmines insomnes. La noche estaba calma, tranquila, mansa, silenciosa; mi alma era todo lo contrario.
Siempre supe que esto transitaría por los mismos caminos de siempre. ¿Por qué esta vez habría de ser diferente? ¿Por qué? No tenía por qué ser diferente esta vez. Y no me sentía a gusto por ello. Sobre todo no me sentía a gusto por Ti. ¿Por qué habías tenido que pasar por esto? ¿Por qué aun seguías pasando por esto cada día? ¿Por qué simplemente no escapé, como siempre lo había hecho hasta aquel entonces? ¿Por qué? ¿Por qué tenías que ser Ella durmiendo con una sonrisa en tu rostro, cuando sólo eras Tú durmiendo con una sonrisa en tu rostro? Extrapolando… ¿esto sería así siempre? La noche no me daba respuestas a todas esas preguntas, en realidad, siquiera a alguna de ellas.
De repente sentí tus labios rozando mi espalda, mis hombros. Tus manos se enredaban en mí, tu alma me abrazaba. La mía quería escapar con lágrimas en las manos, con los ojos rojos, irritados de tanta falacia sentimental. “En un ventanal azul se ven los ojos de este amor”… “¿Tuviste una pesadilla?” No, no…”¿Tienes sed?” Tampoco. “¿Soy yo?” Creo que esta vez, como cada vez, soy yo queriendo que Tú seas Ella. Aunque, quizá deseaba, por una sola vez - ¡una sola! – ser otro yo para Ti, que siempre encontrabas asilo en mis brazos deshechos, en mis venas deshilachadas, en ese par de ojos que te miraban sin ver, en ese par de manos – siempre, siempre – frías. Hubiera roto los vidrios de la ventana, quizá sólo para ver mis nudillos sangrar, en un intento de pseudo expiación… Y en voz baja, casi en silencio – más que nada para oírme yo mismo – te hubiese preguntado ¿por qué aun sigues en esa cama, cada noche, en cada amanecer, en cada desayuno?
“Lo que haces, lo pagarás”. Ya lo sé, le dije, mi amor. Pero mejor hacer, que pensar y pensar.” ¿Es que acaso siempre será así, de esta forma? “No lo sé, pero ven, regresa a la cama, que hasta el más idiota merece un poco de calor”. Y volví…qué más me quedaba por hacer a esas horas de la noche. “I’m just a sucker with no self esteem “…jueves, septiembre 08, 2011
Dibujos Condensados...
viernes, agosto 26, 2011
Ella no era Ella. ¿Y yo, era Yo?
Tus manos corrían algunos cabellos, que impulsados por quizá sus propios deseo, estaban posados en la comisura de tus labios – y no los culpo, porque los entiendo; yo haría lo mismo – Perdón. Sus manos. Aún creo ella es Ella.
Los mismos gestos en su rostro; la misma sonrisa que ilumina a las personas. Pero ella no era Ella. Creí que me era imposible recordar su rostro, hasta que la vi, creyendo que ella era Ella. Pero ella no era Ella. Sus mismos ojos marrones, cristalinos, húmedos de vida y poco amor, cegados quizá por el recuerdo de todo lo que es, por todo lo que no fue. Esos ojos que creían que, después de todo, todo es nada. Que todo termina siendo la suma algebraica de momentos que dan por resultado nada.
Las mejillas rosadas de tanto sentimiento arraigado al deseo etéreo, de tantos recuerdos friccionados contra el pecho. Y contra la cara interna de los párpados. “Me tatuaría tu rostro dentro de mis párpados para verte cada noche al dormir”. Quizá ella, que no era Ella, estaba pensando en ello. O seguramente no. Porque fue Ella quien lo dijo, no ella.
Podía escuchar su corazón latir acalambrado, exhausto de tanto latido abatido, ahogado en lo salado de lágrimas estériles, abotagado de tanta vena sangrante. Pudiendo entender que tapar y callar nunca resuelve nada, pero se camufla como la mejor solución posible. Escapar. Ella no era ella.
“No sé quién pueda comprobar si todo es una foto”. No sé. Pero ese momento era una foto. Sentada ella, o Ella, no sé. Sentado yo. Enfrentados ambos. Vernos sin sentirnos. Los dos pares de ojos buscando otros dos pares de ojos. Pero encontrando nada, como siempre.
Tengo la seguridad que ella, no queriendo serlo, era Ella.


